Empezando a soltar

Han pasado algunos meses desde que terminamos, aún hay días malos, días cuando me acuerdo de ti y lloro, días cuando me acuerdo de ti y me enojo, días cuando pienso en ti y tengo fantasías donde aún estás en aquí.

Hay días cuando me pregunto si tú también estas pasando por lo mismo o si aún piensas en mí, si aún sigues pensando en los “hubiera”, sé que nada de esto es saludable para mi, pero no puedo evitarlo, aún estando en el trabajo, ocupada, estás ahí, escondido, esperando a invadir mi mente, con un recuerdo.

Hay días cuando siento una ansiedad horrible en el corazón y quisiera escribirte o entrar a revisar tu twitter o tu Instagram o buscar tu nombre en google y tengo que encontrar maneras de distraerme para no hacerlo, para vencer esa inquietud que me da, la inquietud de saber si estás bien, si me extrañas, de saber cómo te va.

Mi analista dice que es normal, es un proceso y que debo dejarte, que debo soltarte, que debo perdonarte.

Perdonarte. Perdonarme. Perdonarnos.

Perdonarte porque debo entender que simplemente no pudiste quedarte, que ganaron tus miedos  y esa imposibilidad que te creaste durante años y de la cual te hiciste prisionero.

Perdonarme por no haberlo visto antes y alejarme a tiempo de ti, perdonarme por no poder entender tu cobardía y estar enojada contigo.

Perdonarnos y dejarnos ir.

Creo que hoy estoy más cerca de soltarte, de dejarte de ir y tenerte como un recuerdo más. Una experiencia más. Una persona más. No, no como una persona más, siempre vas a ser esa persona con la que aprendí, con la que me solté y con la que descubrí un lado mío que no estaba segura que podría desarrollar y nutrir y conocer.

Indirectamente fuiste participe para que yo me enfrentara con ese lado al que tanto le tenía miedo.

Anuncios

Si el amor no es de dos…

Terminé con El Consultor de manera definitiva. Llevábamos cuatro meses separados, desde Octubre no había tenido contacto alguno con él y de cierta manera empezaba a hacerme a la idea de que ya no iba a saber de él y había aceptado que debía seguir, sacarlo de mi corazón, sanar.

Habíamos quedado en que esta vez, cuando pasara un tiempo considerable, él me buscaría para intentar ser amigos. Cuatro meses después llegó un e-mail, donde me decía que me extrañaba, que extrañaba pasar tiempo conmigo, que nos acompañáramos, nuestras pláticas, que siempre había un detalle, algo que lo hacía recordarme, aceptaba que había sido un cobarde y que había tenido miedo de reconocer que ya estaba en una relación de pareja conmigo pero que no sabía si escribirme tenía un objetivo, sólo sabía que me extrañaba y que no quería dejar pasar la oportunidad de platicar conmigo.

La estabilidad emocional que había logrado en cuatro meses, se derrumbó, la perdí. Cuatro meses le tomó aceptar el motivo por el cual terminamos. Sé que no fue fácil para él y agradezco que lo haya reconocido pero ¿qué quería? Se lo pregunté y dos semanas después me respondió que se había dado cuenta que tenía un patrón,él empezaba sus relaciones con una fecha límite, no podía estar con alguien más de 1 año, porque o se aburría o quería volver a estar solo y así sin más terminaba la relación, incluso me dijo que el saboteaba sus relaciones de manera consciente. Si era así, ¿porqué estuvo conmigo 2 años?!

Nada de lo que me dijo es congruente con sus acciones, con lo que me enseñó, con lo que me demostró y dijo durante 2 años y definitivamente no es congruente con lo que me escribió en ese e-mail. Me queda claro que su miedo a querer y a que lo quieran es mayor y puede más que cualquier otra cosa; que no quiso tomar mi mano y caminar conmigo, no quiso cambiar ese “patrón” ¿Tendrá idea de que los patrones de conducta se pueden cambiar?  Aún a pesar de todo, yo estaba dispuesta a enseñarle y que aprendiéramos juntos, al final, soy tan inexperta como él en estar en una relación.

Me da la impresión de que además de su miedo a comprometerse, era miedo a no dar el ancho, a no funcionar como pareja, a no poder ofrecer lo mismo que él recibía o tal vez solo me digo eso para estar más tranquila pero en el fondo sé que no. Me he quedado con una sensación de vacío en el corazón, aunque estoy mucho más tranquila que la primera vez que terminamos, me duele y me quedo decepcionada, decepcionada que no quiso darnos la oportunidad de seguir creciendo como pareja.

¿Lo voy a extrañar? Por supuesto, como se lo dije, siempre va a tener un lugar especial en mi vida y sólo él sabe porque, todo lo que él como persona y como pareja representó. Agradezco que a pesar de ese miedo, se quedó en mi vida todo ese tiempo y se permitió conocerme y dejarme conocerlo.

Lo amo pero tampoco puedo ser la única luchando para que la relación funcione. Lo amo pero sí él no quiso, no es el fin del mundo. Lo amo pero si él no estaba dispuesto a seguir caminando a mi lado, no puedo hacer nada más que aceptar y respetar su decisión. Lo amo pero debo continuar con mi vida. Lo amo pero esta vez el amor no fue suficiente y aun así me quedo tranquila, sabiendo que hice todo lo posible por intentarlo.

Tengo 30 años, sigo pensando y creyendo que el amor lo puede todo, siempre y cuando los dos involucrados estén de acuerdo y estén dispuestos o decididos a que así sea.

Soy de las que cree que el amor no es tirarse al vacío como nos lo pintan en todos lados, para mí el amor es tomarse de la mano y caminar juntos, ir pateando las piedras en el camino e ir construyendo ese camino para que la relación funcione, darle raíces al amor y a la relación para que cuando lleguen las tormentas, tenga cimientos fuertes y si en esa tempestad se pierden cosas, podamos repararlas, eso la volverá más fuerte.

Para mí, estar en una relación y el amor, es eso, construir, crecer, aprender, enseñar, comunicarse y ser vulnerable. Porque la vulnerabilidad requiere de valor y de confiar en que el otro, hará lo mismo y que va a estar ahí, acompañándote.

No creo en el amor de película, ese que te pintan donde todo es color de rosa.

Como dice Mandy Len Catron, en su TED talk “A better way to talk about love” y que concuerda totalmente con mi idea del amor y las relaciones:

“This version of love is not about winning or losing someone’s affection. Instead, it requires that you trust your partner and talk about things when trusting feels difficult, which sounds so simple, but is actually a kind of revolutionary, radical act. This is because you get to stop thinking about yourself and what you’re gaining or losing in your relationship, and you get to start thinking about what you have to offer.”

Así que a mi Consultor le digo, “Está relación fue más corta de lo que pensé pero igual fue muy linda.”

El amor también es aceptar cuando todo terminó.

Muchas gracias por enseñarme y acompañarme durante 2 años de mi vida. Espero que la vida vuelva a juntar nuestro camino… te amo pero tengo que seguir sin ti.

¿Esperar o Soltar?

Cuando terminas una relación, pasas por un periodo de duelo. Como todos los duelos, lleva su tiempo superarlos.

¿Cuánto tiempo duran esos duelos? No sé. Puede que duren 4 meses, 6 meses, 1 año o incluso más. Para mí, es que tanto estás dispuesto a enfrentarlo.

Llevo dos meses desde que terminé con el Consultor. No voy a negarlo, sigo enojada pero a pesar de eso, he tenido más días buenos que malos.

Pero aún está el enojo y me pone mal no poder soltarlo porque no quiero ser ese tipo de persona, que se pasa el tiempo enojada con el ex porque no quiso estar con ella. No soltar la frustración de “ya eramos pero no lo intentaste”.

El enojo de sentir que no fuiste suficiente, que algo te faltó para que el lo intentara… sé que no fue así, después de platicarlo varias veces en sesión, me queda claro que no fui yo, que fue él.

Él y su incongruencia, su incapacidad de aceptar que dice una cosa y hace otra. Su incapacidad de dejarse llevar por el corazón. Su incapacidad de aceptar que eramos más que “amigos”. Fue él, no yo.

He pensado que de los dos, yo, de cierta manera fui la más valiente. Valiente porque hablé, dije que lo esperaba de “nosotros”, lo confronté, esta vez no me quedé callada, dije como me sentía y como me hacía sentir. Valiente porque rompí la incertidumbre que sentía, de romper ese no saber qué eramos. Pero sobretodo porque acepté que estaba enamorada de él.

Ya no pienso tanto en él o en lo que pasó. Cada vez dejo de regresar a esa escena en el parque donde nos vimos y dejo de imaginar qué más pude haber dicho o hecho, no me quedo con la sensación de que algo faltó.

Cada vez son menos las ocasiones en las que pienso en los días que salíamos, el viaje que hicimos, las charlas que tuvimos, en fin… en los momentos que tuve con él.

Hace unos días, soñé con él y no. Era una biblioteca, gótica con una puerta de madera, gigante. Aunque no aparecía físicamente en mi sueño, yo sabía que él estaba ahí y él sabía que yo estaba ahí. Él adentro y yo afuera.

De nuevo, estaba y no.

El sueño me dejo con una sensación entre nostalgia y tristeza.

V, mi analista, lo interpreta como el periodo de acomodo que estoy pasando. Entre esperar a ver si regresa o si definitivamente lo suelto pero también es signo de que voy superando el duelo de perderlo.

¿Porqué seguir enojada con alguien que no quiso ser parte de mi vida? ¿Qué va a ocupar el espacio cuando el enojo haya desaparecido? ¿Porqué tengo tanto miedo de soltar? Pero sobretodo ¿qué va a pasar cuando lo supere?

 

Lo Nuestro

Pero, en definitiva, ¿qué es Lo Nuestro? Por ahora, al menos, es una especie de complicidad frente a otros, un secreto compartido, un pacto unilateral. Naturalmente, esto no es una aventura, ni un programa ni -menos que menos- un noviazgo. Sin embargo, es algo más que una amistad. Lo peor (¿o lo mejor?) es que ella se encuentra muy cómoda en esta indefinición. Me habla con toda confianza, con todo humor, creo que hasta con cariño.

La tregua, Mario Benedetti

Quiero que veas en mí a la persona en la que puedes confiar, en la que te va a dar una opinión objetiva y te pondrá las cosas en perspectiva.

Quiero ser la persona a la que le dices “buenos días” todas las mañanas.

Quiero ser la persona a la que le preguntas en la noche “¿cómo estuvo tu día?”

Quiero ser la persona a la cual le hablas a la media noche de su cumpleaños

Quiero ser la persona por la cual haces lo imposible para buscar un libro que es difícil de encontrar para regalármelo

Quiero ser la persona con la que viajas a la playa

Quiero ser la persona que se ría de tus bromas tontas

Quiero ser la persona a la que le dices “Te adoro”

Quiero ser la persona a la que le dices “Te Extraño”

Quiero ser la persona a la que le dices “Te Quiero”

Quiero ser la persona por la que te preocupas cuando está pasando un mal momento

Quiero ser la persona a la cual quieres abrazar para decirle que todo va a estar bien

Quiero que veas que todo eso fue lo que hicimos y mucho más en nuestra relación

Quiero que te des cuenta que no solo fui yo, también tú

Quiero me digas que sí, que eres un tonto pero que lo vamos a intentar

Quiero que aceptes que Lo Nuestro, no es indefinido, que es más que una amistad, un noviazgo era algo más…

Pero sobretodo, quería que fuera mutuo…

Me dueles J

 

DUALIDAD: TRABAJO/ VIDA

Tengo muchas cosas en la cabeza, no sé por cuál empezar.

Cambié de trabajo a principios de este año, voy a cumplir tres meses en la empresa y me siento bien, me gusta, estoy aprendiendo cosas nuevas pero siento que me falta algo, no logro disfrutarlo al 100%, siento que algo me hace falta.

En el trabajo, al parecer me quieren hacer líder de la unidad de negocio a la que pertenezco, la cual está conformada por una compañera, por mí y una persona más que está pendiente de contratarse. Las actividades que estaría haciendo serían 70% administrativas y lo demás reclutamiento. No sé si estoy preparada para ser líder, no siento que tenga la capacidad de ser responsable por procesos y actividades de alguien más y honestamente me da miedo.

Sé que dije que me iba a arriesgar a hacer cosas que estuvieran fuera de mi zona de confort y aquí estoy, nuevamente detenida por el maldito miedo. ¿En qué momento deje que regresara a frenarme? Sé que es un reto y profesionalmente me va a dejar muchísimo pero me aterra y me preocuparía si no estuviera llena de miedo, eso quiere decir que debo hacerlo o por lo menos intentarlo, y si no resulta como espero, no importa ¿cierto? para eso son los errores, para aprender de ellos y no volver a repetirlos, son para crecer y son para mejorar.

Por otro lado, (esta parte del post va a ser muy personal) sigo en contacto y saliendo con el chico Tinder, al cual empezaré a llamar JRC y quitarle la connotación de la aplicación, ¿te parece bien? Y así nos evitamos poner nombres 🙂

Desde que nos conocimos en febrero hemos salido tres veces, ¿puedes creerlo? Tres veces y han sido muy lindas esas salidas, no ha sido fácil, su trabajo es muy, muy demandante y él es un tanto (mucho) workaholic. La mayoría de nuestras pláticas e interacción sigue siendo por Whatsapp, la primera vez que nos vimos, platicamos cosas muy básicas y en general de quiénes éramos, él me dijo que era muy desapegado porque desde niño se mudaban muy seguido debido al trabajo de su papá y hoy lo es por su trabajo, viaja mucho y sus horarios son muy extendidos. Hace poco le pregunté cómo es que aguantaba tanto tiempo en la oficina y su respuesta fue: la costumbre. Me dijo que para él era muy difícil tener una relación estable por lo mismo, no sabe si hoy va a estar aquí o si lo manden a otro país al día siguiente.

Advertida quedé y lo acepté.

Lo mandaron a un país de Sudamérica por una semana antes de nuestra tercera cita (como referencia, te diré que a veces nuestras platicas son un poco subidas de tono pero nunca algo que me haga sentir incómoda al menos de mi lado) habíamos quedado que cuando el estuviera de regreso nos veríamos, me dijo que le gustaría pasar la noche conmigo, yo como buena niña entré en pánico, ¿Qué estaba pensando este señor? solamente habíamos salido dos veces ¿y ya quería acostarse conmigo EN LA TERCERA CITA?

-Disculpa si crees que exageré pero no soy de las que se anda acostando con el primero que le habla bonito o el primero que se la antoja, no puedo, creo que soy de esas personas que cree que tener sexo con alguien debe ser algo más que físico-

Estando en otro país no podía decirlo todo esto, que no quería ser solo un acostón, en fin, para no hacerte el cuento largo, un par de días antes de que regresara, le mande un mensaje en la noche -olvidando la diferencia de horario- y él se disculpó conmigo, por haber desaparecido, por no poder verme tanto como quisiera, que no quería que pensara que pone pretextos para no verme, por a veces querer subir de tono nuestras conversaciones y me agradeció que lo buscara nuevamente.

Claro que le dije que sabía que no desaparecía a propósito y que en ningún momento había pasado por mi cabeza que ponía pretextos para no verme, él me lo advirtió desde un inicio; me pareció lo más lindo que me había dicho hasta ese momento, no sé cuál fue el motivo por el cual lo hizo pero para mi significó muchísimo.

Cuando regresó nos vimos, reservó una habitación en uno de los hoteles más lindos en la Ciudad, no, no me acosté con él, al menos no en el sentido que todo mundo creyó, dormí con él, literal dormimos; aunque también platicamos de muchas cosas y muy personales, sí, hubo besos, no lo negaré pero nada más. Fue intimar con él de otra manera.

Quedamos en que íbamos ver hasta donde podía llegar esto que hay entre nosotros, ambos creemos que puede resultar algo muy lindo y genial, no vamos a complicarnos y ése creo que es el ápice de nuestra relación; no complicarnos,.

Me está costando mucho trabajo, lo quiero, lo quiero mucho, no voy a negarlo, no sé si sea muy pronto pero así lo siento, no creo estar enamorada pero él me importa mucho, es una persona muy fácil de tratar, es muy divertido, me encanta que sea coqueto a más no poder, me gusta que sea ocurrente, es muy inteligente, que siempre haga preguntas pero sí, es muy desapegado y creo que es una manera de protegerse y que lleva años haciendo esto y sé que debo tener mucha paciencia porque por lo que platicamos es una persona acostumbrada a estar solo, me da la impresión que no hay muchas raíces en su vida y las pocas que tiene las guarda con mucho cuidado y me está costando trabajo entender esta parte.

Estoy decidida a continuar hasta donde más se pueda, me encantaría que él siguiera en mi vida y yo en la de él y ver qué sucede, seguir disfrutando de él como persona y aprender con él cosas nuevas, tengo que recordar que sobre advertencia no hay engaño y así como yo le dije que a veces alejo a las personas porque no quiero que me lastimen, el también hizo sus advertencias.

Advertida quedé y lo acepté.

Un sábado de febrero

Lo conocí un sábado de febrero. Pasó un mes y medio sin tener noticias de él. Lo daba por desaparecido y olvidado. Fue en el cumpleaños de mi mejor amiga que decidí volver a buscarlo. Me contestó y retomamos nuestra “amistad”.

Me explicó el porqué de su ausencia y decidí darle el beneficio de la duda. Trabajamos a 10 minutos, uno del otro y sugirió salir un día, lo evité y seguí platicando. No quedamos en nada otra vez.

Un miércoles, vi a mi mejor amiga. Me hizo escribirle y ponerle fecha para vernos y conocernos. Aceptó y lo conocí un sábado de febrero.

El rompecabezas se completó, es todo lo que dijo y más. Me puso nerviosa, me hizo reír y sonreír. Me hizo muy feliz.

Es inteligente, piensa diferente, es nervioso, simpático y coqueto. Tiene barba. Su sonrisa se contagia.

Me besó, lo besé, nos besamos y el mundo desapareció por un instante.

Me gusta, creo que yo le gusto y con eso basta.

Sigo sin creerlo y es por eso que no pienso en mañana, vivo un día a la vez, lo disfruto.

¿Quién me acompaña?

Tener días libres del trabajo es, en mi opinión, lo mejor y lo peor de estas fechas. Lo mejor porque tomas un respiro del estrés, de tus compañeros y jefes, de los clientes, de la rutina que llevas acabo todos los días.

Lo peor, cuando no sales de vacaciones y no planeas bien que hacer esos días y entonces terminas durmiendo por horas o haciendo quehaceres del hogar o simplemente te la pasas esperando a que alguien te llame o te invite al cine o por un café.

Te he contado que no soy una persona muy social y la verdad es que casi todos mis fines de semana me la paso en casa, sin hacer nada y esto en consecuencia me lleva a un ciclo de aburrimiento y enojo interminable. Enojo porque me pongo a pensar en esas cosas que quisiera hacer y no hago por apática, porque siempre me digo “¿cómo voy a irme sola? No tengo quién me haga compañía”  y la mayoría de las veces que quiero hacer algo es mi mamá la que termina acompañándome y nos divertimos mucho, lo disfruto porque sé que son momentos que vivo y aprovecho para convivir con ella; pero de un tiempo para acá me he puesto a pensar que quiero experimentar hacer las cosas sola, que no necesito a alguien más que me acompañe.

Si quiero ir a una exposición y nadie puede ir conmigo, hacerlo sola.

Si quiero ir al cine a ver una película que nadie más quiere ver, hacerlo sola.

Si quiero ir a un museo cuando a nadie más le gustan, hacerlo sola.

Y es que no es que no sepa estar sola, es más que no me atrevo a hacer cosas sola, me siento incómoda, ¿cómo voy a ir al cine y comprar solo un boleto? ¿Cómo voy a ir a comer algo que se me antojó, sola? Siempre hay ese sentimiento de que las personas que me ven, piensen qué triste, está sola. Sé que tiene que ver más con mi percepción de cómo me ven los demás y que muy probablemente les vale madre si estoy acompañada o no.

Y te preguntarás ¿a qué va todo esto?

Bueno, estoy días que no fui a trabajar, por primera vez, me atreví lo que nunca había hecho (al menos sin ese sentir incómodo) me fui a pasear sola. Así es, el plan, aunque no del todo como lo había programado, era ir a la exposición Obsesión Infinita de Yayoi Kusama que se presenta en el Museo Tamayo.

Ese era el plan original, por si no sabes, la exposición ha sido muy popular y prácticamente tienes que llegar súper temprano para poder comprar tu boleto. Se suponía que el viernes iría pero la verdad, me levanté un poco tarde y al llegar ya no encontré boleto 😦 sabía cuál era el riesgo de llegar tarde.

El punto aquí es, me tomé el tiempo necesario, pasé por un café a Juan Valdez, está en la esquina de Dublín y Reforma, compré un croissant, me senté en una de las bancas que hay en la avenida, disfrutando, saboreando y viendo a la gente pasar. Me fui caminando hasta el Museo, no está muy lejos, si acaso a unos 10 minutos caminando.

Al no tener boleto, decidí pasarme al Museo Nacional de Antropología, antes me hubiera regresado a mi casa a no hacer nada pero al estar ahí, ni lo pensé; compré mi boleto y me perdí muchas horas en el pasado. Me reencontré con un tema que había dejado olvidado y que me gusta mucho, incluso podría decir que me apasiona, la Historia.

Recorrí el museo, sola, me tomé el tiempo para apreciar cada una de las salas y los objetos del pasado que se exponen, dejé de preocuparme si la gente me veía o no, olvidé las cosas que me preocupan, que me tienen triste o que me molestan. Y he de decirte que fue un ejercicio interesante, me gustó, ¡lo disfruté muchísimo!

Después me regresé al Zócalo de la Ciudad, iba a comprar ropa, entré a las tiendas, revisé y revisé montones de ropa, al final no compré nada, después pasé al Cielito Querido por otro café y un pan pan de limón con chía, en la tarde – noche y emprendí el camino a casa.

Al día siguiente, fue mi segundo intento (más temprano) de entrar al Tamayo pero nuevamente falló y esta vez, me fui al Zoológico y este fue otro ejercicio en sí, de tolerancia y paciencia, ya que no me gustan los lugares concurridos y mucho menos soporto a los niños gritando y corriendo como salvajes. Hace mucho que no iba al zoológico, no recuerdo cuantos años tenía cuando fui por última vez. Ayer lo vi desde otra perspectiva, ya no con ojos de niña maravillada por ver a todos los animales salvajes que nunca creíste ver de cerca, sino como adulto, ver la tristeza en los ojos de los animales, las condiciones en las que viven, el tamaño de las jaulas en las que viven… fue realmente triste.

A pesar de esto,  el día en sí, fue bueno, después del zoológico, caminé por Reforma hasta el Auditorio, nuevamente tomando mi tiempo, viendo la exposición de fotografías de los lugares más representativos de cada Delegación o Colonias en la Ciudad. Me senté un rato en las escaleras del Auditorio Nacional a descansar y después regresé a casa.

Fueron días diferentes, no lo pasé encerrada en casa, aburriéndome como siempre, sin hacer nada y simplemente lamentando y sintiéndome mal por mí.  Así que tomé la decisión que es algo que debo hacer más seguido el próximo fin de semana e incluso seguir con esto el próximo año.

He decido que será uno de mis pocos propósitos de Año Nuevo, ya te contaré cuáles son los avances. Te dejo algunas fotos de mi fin de semana.

Museo Nacional de Antropología

Ehécatl-Quetzalcóatl

Popol Vuh


Xólotl

Museo Nacional de Antropología